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Comentario del evangelio del domingo 02.09.2018 o 22º TO

Queridos amigos:

Cuando uno lee el evangelio de este domingo (Mc 7, 1-8.14-15.21-23), entiende rápido por qué Jesús dijo que había venido a llevar la ley a la perfección (Mt 5, 17). Vino ante todo a dar satisfacción y gloria a su Padre, cumpliendo toda justicia. Y vino a redimirnos y salvarnos. Pero vino también a darnos ejemplo de vida y a llevar la ley (la Thorah) a la perfección, eliminando las interpretaciones que hacían de la misma, las que pronto se convertían en tradiciones, hasta con más peso que la misma Ley. El retrato costumbrista, que nos presenta el evangelio, es demasiado penoso, para tomarlo a risa.

Marcos nos habla de tres situaciones, que podríamos llamar: la impureza verdadera (7, 1-8.20-22), las tradiciones humanas versus la Ley de Dios (7, 9-12) y la vida interior (7,14-23). Lo que Jesús nos dice y cómo lo dice llevó a cambiar las malas costumbres y tradiciones. La impureza verdadera no viene de afuera, dice Jesús, sino del corazón. Tomar alimentos sin lavarse las manos será falta de higiene y hasta de educación, pero no puede marcar a una persona hasta hacerla impura y, por lo tanto, alejarla de Dios y de los hombre. Lo que hace impuro al hombre son los malos pensamientos, los malos deseos y las malas acciones, que se cocinan en el corazón (Mc 7, 21-22).

La superficialidad de la vida religiosa, tan unida a lo anterior, era otra cosa que molestaba a Jesús. Culto a Dios eran las purificaciones (de manos, vasijas, bandejas), los sacrificios de animales, el pago de diezmos, los rezos ostentosos, etc. Puras apariencias, que Jesús recrimina citando al profeta (Is 29,13): este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Entendámonos: Jesús no prohíbe que adoremos a Dios ofreciendo sacrificios, pagando diezmos, etc. Lo que quiere es que esto sea algo secundario y expresión de una vida interior llena de amor a Dios y al prójimo. Es por ello que nos contó la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14). La religión verdadera y perfecta está en ayudar a los huérfanos y las viudas en sus necesidades y no contaminarse con la corrupción de este mundo (Stgo 1, 27).

Pero lo que más rebelaba a Jesús eran las llamadas tradiciones o disposiciones y normas, que ellos mismos se daban y que en ocasiones anulaban el mismo mandamiento de Dios. Al respecto Jesús denuncia el llamado korban, que quiere decir consagrado a Dios. Bastaba que un mal hijo dijera ¡korban!, para que quedara exonerado de ayudar a sus padres, no obstante lo mandado por el 4º mandamiento de la Ley de Dios. Ustedes hacen además otras muchas cosas parecidas a estas, por ejemplo, el Certificado de Divorcio que ustedes le sonsacaron a Moisés (Mt 19,8).

LECTURAS

DOMINGO XXII

DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA

No añadan ni quiten nada a lo que yo les mande…,

así cumplirán los preceptos del Señor

Lectura del libro del Deuteronomio        4, 1 -2. 6- 8

      Moisés habló al pueblo diciendo:

– Ahora, Israel, escucha las leyes y decretos que yo les mando cumplir. Así vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les va a dar.

No añadan ni quiten nada a lo  que yo les mande; así cumplirán los mandamientos del Señor, su Dios, que yo les mando hoy. Cúmplanlos y practíquenlos, porque de esta manera los pueblos reconocerán que en ustedes hay sabiduría y entendimiento; ellos, al conocer todas estas leyes dirán: “Cierto que esa gran nación es un pueblo sabio e inteligente”.

Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca de ella como lo está el Señor, Dios nuestro, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean justos como toda esta Ley que, en presencia de ustedes promulga hoy?

Palabra de Dios.

Salmo responsorial        Sal 14, 2- 3a. 3bc- 4ab. 5    R.: 1a)

  1. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu casa?

      El que procede honradamente

y práctica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua.               R.

      El que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor. R.

      El que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.               R.

SEGUNDA LECTURA

Lleven a la práctica la palabra

Lectura de la carta del apóstol Santiago 1,17-18.  21b- 22.27

      Mis queridos hermanos:

Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros luminosos, en quien no hay fases ni períodos de sombra.

Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró para que seamos como las primicias de su creación.

Aceptemos dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes y ha sido capaz de salvarlos. Llévenla a la práctica y no se limiten a escucharla, engañándose ustedes mismos.

La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con la maldad de este mundo.

Palabra de Dios.

Aleluya   St. 1, 18

El Padre, por propia iniciativa,

con la palabra de la verdad, nos engendró,

para que seamos como las primicias de su creación.

EVANGELIO

Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios

para aferrarse a la tradición de los hombres

Lectura del santo Evangelio según San Marcos

7, 1-8.  14-15.  21-23

      En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir sin lavarse las manos.

Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos meticulosamente, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones de lavar vasos, jarras y ollas.

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:

– ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?.

Él les contestó:

– Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito:

              “Este pueblo me honra con los labios,

              pero su corazón está lejos de mí.

El culto que me dan está vacío,

porque la doctrina que enseñan

son preceptos humanos”.

Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a la tradición de los hombres,

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:

– Escuchen todos y entiendan: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Oremos al Señor, nuestro Dios. Él está cerca de los que le invocan.

– Por la Iglesia; para que sepa guardar y actualizar lo que ha recibido del Señor y prescindir de todo lo que impide o dificulta su misión en el mundo, roguemos al Señor.

– Por los que sufren escándalo por la renovación y reforma de la Iglesia; para que puedan comprender y aceptar, roguemos al Señor.

– Por la juventud de nuestro tiempo, insatisfecha, inquieta; para que sus intuiciones, protestas, ideales, esfuerzos, razonamientos, sean tomados en serio, en diálogo respetuoso con los mayores, roguemos al Señor.

– Por nosotros aquí reunidos; para que nuestro culto a Dios sea en espíritu y en verdad, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, que te honra con los labios y desea honrarte con sincero corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario meditación del evangelio del 26.08 o 21º TO

Les daré mi carne en comida, dijo Jesús a la gente y a sus discípulos (Jn 6, 51.55). Pero ¿quiso Jesús decir en verdad lo que dijo o hay que entenderlo de otro modo? La respuesta nos la da el evangelio de hoy (Jn 6, 60-69) y es categóricamente afirmativa. Jesús quiso decir lo que dijo y lo sostuvo, a pesar de que a muchos de sus discípulos no les gustó y empezaron a irse… Es muy duro, es demasiado lo que pides, le dijeron mientras se iban, dejándolo casi solo. Pero Jesús no se retractó. No les dijo: no se vayan, no es lo que ustedes piensan. Porque sí era realmente lo que ellos pensaban: que el pan de vida eterna que les había prometido era su propia carne…

Era realmente lo que Jesús había dicho y lo que ellos le habían entendido: comer su carne . Pero no era en la forma en la que ellos se lo imaginaban… Para Pedro y los apóstoles, que pese a todo, le permanecieron fieles, debió ser una muy grata sorpresa cuando, en la Última Cena, Jesús tomó pan y después de bendecirlo se lo dio diciendo: tomen y coman: esto es mi cuerpo (Mc 14, 22). Pedro debió haberse sonreído mientras pensaba en su interior: entonces así era de fácil aquello (lo de comer su carne). Y nosotros que pensábamos que tendríamos que comerlo a mordiscos. Habrá recordado también las palabras que le dijo a Jesús: Señor, no sabemos cómo será eso de comer tu carne, pero estamos seguros de que la cosa resultará, pues siempre resultó bien cuanto te propusiste, aunque pareciera imposible (Jn 6, 68-69). Y comieron su carne, pero como si fuera un poco de pan.

Aún hoy hay muchos, empezando por los evangélicos, que no creen que el pequeño pan de la eucaristía sea el cuerpo de Cristo, el pan de vida que se nos da en comida. La cosa está tan clara, que uno se asombra de que no crean. Les invito a leer sin prejuicios lo que dicen los sinópticos (Mt 26,26; Mc 14,22; Lc 22,19), Juan (Jn 6,51) y Pablo (1 Cor 11, 24). Es Pablo quien nos dice que “el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre del Señor…; “come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo del Señor” (1 Cor 11, 27.29). ¿¡Qué más se puede decir para hacer creer que Jesús se nos da en la eucaristía!?

Es una verdadera pena no querer creer en la presencia real de Jesús en la eucaristía. Quienes no tienen esta fe no acogen la gracia del Padre Dios que los lleva a Jesús (Jn 6, 43-45) ni aceptan la acción del Espíritu que les lleva a creer en las cosas verdaderamente espirituales (Jn 6, 63), como es el misterio de la eucaristía. Es lo que quiere decir Jesús cuando afirma que sus palabras son espíritu y vida  (Jn 6, 63). Son vida, porque quienes las acogen tienen la vida de Jesús; y son espíritu, porque es el Espíritu del Señor quien nos lleva a dar testimonio de Jesús (Jn 15, 26-27).

LECTURAS

DOMINGO XXI

DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA

Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!

Lectura del libro de Josué      24, 1- 2a.  15- 17.  18b

      En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquem. Convocó a los ancianos de Israel, a los jefes, jueces y oficiales, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo:

-Si no les agrada servir al Señor, digan aquí y ahora a quien quieren servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates o a los dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes habitaban; mi familia y yo serviremos al Señor.

El pueblo respondió:

¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; el nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y en todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!

Palabra de Dios.

Salmo responsorial  Sal  33,  2-3.  16-17.  18-19.  20-21.  22-23  (R.: 9a)

  1. Gusten y vean qué bueno es el Señor.

      Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren.    R.

      Los ojos del Señor miran a los justos,

sus oídos escuchan sus gritos;

pero el Señor se enfrenta con los malhechores,

para borrar de la tierra su memoria.     R.

      Cuando uno grita, el Señor lo escucha

y lo libra de sus angustias;

el Señor está cerca de sus atribulados,

salva a los abatidos     R.

      Aunque el justo sufra muchos males,

de todos los libra el Señor;

él cuida de todos sus huesos,

y ni uno solo se quebrará.    R.

      La maldad da la muerte al malvado,

Y los que odian al justo serán castigados.

El Señor redime a sus siervos,

no será castigado quien se acoge a él.  R.

SEGUNDA LECTURA

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios     5, 21-32

      Hermanos:

Ténganse mutuamente respeto en honor a Cristo.

Que las mujeres respeten a sus maridos como si se tratara del Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia porque es su cuerpo. Por tanto así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo.

Esposo, amen a sus esposas como cristo amó a su Iglesia.

Él se entregó así mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela ante sí como una Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino sana e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son.

Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.

Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Palabra de Dios

Aleluya   cf.  Jn  6, 63c.  68c

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida;

tú tienes palabra de vida eterna.

      EVANGELIO

¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna

Lectura del santo Evangelio según San Juan  6, 60 -69

      En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

– Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne de nada sirve. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. Y, a pesar de esto, algunos de ustedes no creen.

Pues Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quien lo iba a entregar.

Y dijo:

Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se retiraron y ya no andaban con él.

Entonces Jesús dijo a los Doce:

– ¿También ustedes quieren irse?

Simón Pedro le contestó:

– Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Oremos al Señor, nuestro Dios. Él está cerca de los atribulados.

– Por la Iglesia que quiere ser fiel a su Señor en las vicisitudes de la historia, roguemos al Señor.

– Por los que vacilan en su fe, por los que no pueden creer, roguemos al Señor.

– Por los esposos divorciados, desunidos, que conviven sin amor, roguemos al Señor.

– Por nosotros, aquí reunidos, que, como Pedro, queremos ser fieles a Jesucristo, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras súplicas; que podamos gustar y ver tu bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario del evangelio del 19.08 o 20ª TO

Queridos amigos:

En el evangelio de hoy (Jn 6, 51-58), hay tres cosas que llaman poderosamente la atención: 1. La insistencia apasionada con la que Jesús repite y repite que su cuerpo es verdadera comida y su sangre verdadera bebida. Y que tendremos que comer su carne y beber su sangre. “Carne y sangre” es el modo semítico ordinario de referirse a la persona. Y Jesús repite esta frase hasta seis veces.  2. La no aclaración a los judíos  -ni a los apóstoles-, de cómo habría de ser eso. Ellos discutían entre sí y bastantes ya se estaban retirando -incluidos algunos discípulos-, porque la cosa les parecía imposible. Les pudo haber dicho: ¡tranquilos, no es como ustedes se lo imaginan!, pero prefirió callar y poner a prueba su fe en Él. 3. Los maravillosos efectos que la comunión del cuerpo y sangre de Jesús produce en quienes comulgan.

Antes de ver algunos de esos efectos, digamos algo sobre este trozo del evangelio (Jn 6, 51-58), que contiene la parte medular del llamado discurso eucarístico de Jesús (c. 6). Hasta ahora Juan nos ha hablado de Jesucristo, el Pan de Vida, que Dios nos da. Ahora es el mismo Jesús quien nos dice que su cuerpo es el pan que Él va a entregar para la vida del mundo (Jn 6, 51 b). Para la vida del mundo, porque Jesús ve siempre su vida y su eucaristía en relación con la salvación del mundo, unidas a su pasión, muerte y resurrección, tal como lo captaron los Sinópticos y Pablo (1 Cor 11,24).

Todo esto es muy importante, porque nos lleva a tocar el fondo de lo que para Jesús fue la Eucaristía, a saber, el memorial de su pasión, muerte y resurrección. Y de lo que debiera ser para nosotros: participar activamente en este memorial. Hagan esto unidos a mí, nos dice Jesús,  y ofrézcanse conmigo al Padre Dios para la salvación del mundo. Esta debe ser nuestra principal actitud al celebrar o recibir la eucaristía: más que el coloquio íntimo con Jesús o la fuerza que nos da para seguirle o el mismo transformarnos en Él al ser asimilados por su gracia. Todas estas cosas y muchas más se nos darán por añadidura si nos acercamos a la eucaristía como Memorial de la muerte y resurrección de Jesús.

Señalemos otros tres efectos de la eucaristía: 1. quien la come vivirá por El. Permanece en mí y yo en él, dice Jesús, con esa unión de vida que Él mismo comparará a la unión de la vid con los sarmientos (Jn 15, 4). 2. Y vivirá para siempre, añade, pues Él lo resucitará en el último día (Jn 6, 54). Quien comulga lleva en sí la vida eterna, que es Jesucristo. 3. Por la eucaristía participamos en la vida de Cristo, vida que el Hijo comparte con el Padre. Por eso quien come a Cristo vivirá del Padre Dios. Es otro de sus grandes efectos: la participación en la vida de Dios Trinidad.

LECTURAS

DOMINGO XX

DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA

 Coman de mi pan y beban el vino que he mezclado

Lectura del libro de los Proverbios 9, 1- 6

      La sabiduría ha construido su casa, ha tallado sus columnas, ha preparado el banquete, ha mezclado el vino y              puesto la mesa; ha mandado a sus criadas para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: Los                      inexpertos, que vengan a aquí, quiero hablar a los faltos de juicio: “vengan a comer  de  mi pan y a beber el vino            que he mezclado; dejen la inexperiencia y vivirán”.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial        Sal 33, 2-3.  10-11. 12-13. 14-15 (R.: 9a)

  1. Gusten y vean que bueno es el Señor.

       Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren.  R.

       Todos sus santos, teman al Señor,

porque nada les falta a los que le temen;

los ricos empobrecen y pasan hambre,

los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

       Vengan, hijos, escúchenme:

los instruiré en el temor del Señor;

¿hay alguien que ame la vida

y desee días de prosperidad?  R.

       Guarda tu lengua del mal,

tus labios de la falsedad;

apártate del mal, obra el bien,

busca la paz y corre tras ella. R.

SEGUNDA LECTURA

Dense cuenta de lo que el Señor quiere

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios  5,  15-20

       Hermanos:

Observen atentamente cómo están procediendo ustedes; no sean necios, sino sabios, aprovechando el tiempo presente, porque los días son malos.

Por eso, no sean irreflexivos; antes bien, traten de descubrir cuál es la voluntad del Señor.

No se emborrachen con vino, que llevan al libertinaje, sino déjense llevar del Espíritu.

Reciten, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; canten y toquen para el Señor de todo corazón.

Y den gracias a Dios Padre, por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo

Palabra de Dios.

Aleluya   Jn  6, 56

El que come mi carne y bebe mi sangre

habita en mí, y yo en él

-dice el Señor-.

EVANGELIO

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

Lectura del santo Evangelio según San Juan  6, 51- 58

      En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

– Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yodaré es mi carne para la vida del mundo.

Los judíos discutían entre si:

– ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?.

Entonces Jesús les dijo:

– Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mí sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí, y yo en él.

El Padre que vive  me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Los que buscan al Señor no carecen de nada. Oremos con toda confianza.

– Por la Iglesia, reunida en asambleas locales; para que el banquete de la eucaristía, que celebramos, no sea motivo de escándalo, sino llamada atrayente para todos, roguemos al Señor.

– Por los que se excusan de participar en la mesa del Señor por motivos diversos; para que sepan comprender y valorar, roguemos al Señor.

– Por los organismos e instituciones cuyo fin es aliviar el hambre en los países del tercer mundo; para que logren su cometido, roguemos al Señor.

– Por nosotros, aquí reunidos; para que sepamos compartir nuestro pan de cada día –signo de fraternidad- con los más necesitados, roguemos al Señor.

Señor, Dios nuestro, escúchanos y despierta en nosotros el hambre de pan de vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.