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Comentario al evangelio del domingo 11.11.2018 o 32º TO

Queridos amigos:

El óbolo de una viuda pobre en la alcancía del templo y el comentario que le mereció a Jesús, son el nervio del evangelio de hoy (Mc 12, 38-44). Este tiene una primera parte, también muy interesante y que quizás explique el por qué esa viuda y otras muchas eran pobres. Los comentaristas suelen pasarla por alto, ganados por el comentario de Jesús: da más quien más se priva de lo necesario para vivir, o, dicho parafraseando el texto del evangelio: quien da lo poco que tiene para vivir da mucho más que el que da de lo que le sobra (Mc 12, 44). Hay que dar hasta que duela, decía San Alberto Hurtado.

Ciertamente, pero no sólo dinero. Dar tiempo, trabajo, ingenio, alegría…, son cosas que valen más que el dinero, y también hay que darlas hasta que duela. Por ejemplo, tiempo para participar en jornadas y/o pertenecer a Grupos Pastorales de la Parroquia,

Al respecto es consolador saber que Jesucristo y Dios premian hasta lo más pequeño que les ofrezcamos (los dos centavos de la viuda) y el vaso de agua al prójimo (Mc 9,41). Es consolador y nos anima a hacer el bien, aunque no podamos dar mucho. Pero es una ofensa darle en colecta sólo los centavos que nos van sobrando de las compras, casi como una manera de deshacerse de ellos, cuando podemos dar más.

En el caso de la viuda del evangelio siempre me llamó la atención que Jesús la dejase dar la limosna aun sabiendo que se quedaba sin nada. Me pregunto cuál habría sido la actitud de ustedes frente a esa pobre viuda, que rebusca sus centavos para ponerlos en la alcancía del templo. ¿No le habrían dicho guarde eso para usted, señora, que lo necesita más que el templo? Debo confesar que es lo que hacía yo antes, hasta que un día caí en la cuenta de que yo estaba en el error al querer enmendar la plana al Señor. Mi falsa piedad quería impedir que también el pobre fuera magnánimo desde su pobreza. Y que diera su limosna  -tributo de reconocimiento- a Dios. Él sabrá cómo recompensar al pobre, me dije, y recordando que tenía por ahí una bolsa de alimentos no perecibles, se la di.

El caso de la viuda pobre, que da de su pobreza, confirma el dicho de que no hay pobre que no pueda dar algo. Añadamos que ni rico que no pueda dar más. Lamentablemente, ¡qué difícil es que esto suceda! (Mt 19, 24) Por ejemplo, ¿¡en qué quedaron los acuerdos de Helsinki (1975) y de la ONU para que los países ricos ayuden a los países pobres?! La cooperación internacional para el desarrollo ha ido bajando del 0.34 % del PNB al 0.22 %. Y muchos ni lo dan. Como si los ricos (y los países ricos) no tuvieran que dar hasta que duela, que decía San Alberto Hurtado.

LECTURAS

DOMINGO XXXII

DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA

La viuda hizo un pan y lo entregó a Elías

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 10- 16

            En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo:

– Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.

Mientras iba a buscarla, le gritó:

– Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.

Respondió ella:

Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo pan cocido; me queda tan sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en una vasija, y ahora estaba recogiendo un poco de leña, para ir a prepararlo para mi hijo y para mí; comeremos y luego moriremos.

Respondió Elías:

– No temas. Prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un pan pequeño y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después.

Porque así dice el Señor, Dios de Israel:

“El cántaro de harina no se vaciará,

la vasija de aceite no se agotará,

hasta el día en que el Señor envíe

la lluvia sobre la tierra”.

Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo.

Ni el cántaro de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

 

Palabra de Dios.

Salmo responsorial          Sal      145, 7. 8-9a. 9bc-10                       (R.: 1)

  1. Alaba alma mía al Señor.

            O bien:

            Aleluya

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,

que hace justicia a los oprimidos,

que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos. R.

            El Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos. R.

            Sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Cristo se ha ofrecido una sola vez

para quitar los pecados de todos

Lectura de la carta a los Hebreos  9, 24- 28

            Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres –imagen del auténtico-, sino por el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros.

Tampoco se ofrece así mismo muchas veces –como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo-. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez.

Y después de la muerte, el juicio.

De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.

Después aparecerá por segunda vez ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan.

Palabra de Dios.

Aleluya          Mt. 5, 3

Dichosos los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos.

EVANGELIO

Esa pobre viuda ha echado más que nadie

 Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 38- 44

            En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la gente y les decía:

¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de la viuda con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en chantad; se acercó una viuda pobre y puso dos monedas de poco valor. Llamando a sus discípulos, les dijo:

– Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir.

Palabra del Señor.

            Forma breve:

Lectura del santo Evangelio según San Marcos  12, 41- 44

En aquel tiempo, estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y puso dos monedas de poco valor. Llamando a sus discípulos les dijo:

– Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ella en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Cristo ha entrado en el cielo –hemos escuchado- para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Oremos con toda confianza.

– Por la Iglesia, llamada a ser comunidad de amor, roguemos al Señor.

– Por los huérfanos, las viudas, los que viven solos, roguemos al Señor.

– Por los que sufren hambre, los que no perciben el salario mínimo justo, roguemos al Señor.

– Por los que prueban su amor al prójimo, compartiendo su pan, como la viuda de Sarepta, dando lo que tienen para vivir, como la viuda del evangelio, roguemos al Señor.

– Por nosotros, que nos disponemos a celebrar al que se entregó por todos hasta la muerte de cruz, roguemos al Señor.

Atiende, Señor, a los ruegos de los que te suplican y ponen su confianza en tu amor, Por Jesucristo, nuestro Señor.

Comentario del evangelio del domingo 4.11.2018 o 31° TO

Queridos amigos.

¡Ámenme!, dice Dios! ¡Y ámense y amen a sus prójimos como a sí mismos! En esencia esto es y a esto apuntan los dos más grandes mandamientos de la Ley de Dios, tal como nos lo asegura Jesús en el evangelio de Marcos (12, 28b-34). ¡¿Se lo imaginan, amigos?! Dios pidiéndonos que le amemos, obligándonos a que le amemos. ¡Qué insondable misterio y qué maravilloso designio, al mismo tiempo!

Visto con ojos de moralista, el inmenso amor que Dios nos da y nos pide, corre el peligro de ser desvirtuado y de ser convertido en un mandamiento, que en sí es bello, pero que nosotros lo reducimos a hacer o dejar de hacer unas cuantas cosas. Por favor, el amor de Dios es infinitamente más grande que eso y, sobre todo, es personal, es decir, busca la unión entre personas, que lo amemos a El como Persona, con pasión y por encima de las cosas mandadas… Estas las cumpliremos si de verdad le amamos a El con todo el alma.

Son muchas las cosas que podríamos decir en relación con estos mandamientos. Pero una sola es la más importante y decisiva: nos hablan de amor, del amor de Dios y a Dios, que es la fuente y la cumbre del amor hermoso y verdadero. Y que es parte esencial del misterio de Dios, que se define como amor (1 Jn 4,16), y parte integral de su designio o proyecto en relación con el hombre, que lo ha hecho para amar y cuyo corazón estará inquieto hasta que descanse en Dios, como lo sentía y confesaba San Agustín. ¡Cuán tarde te empecé a amar, Dios mío! Para acentuar lo que estoy diciendo transcribo un par de párrafos de documentos de la Iglesia.

“Padre Dios… has dignificado tanto al hombre, creado en tu bondad, que en la unión del hombre y de la mujer has dejado la imagen de tu propio amor, y al que has creado por amor y le has llamado a amar, le concedes participar en tu amor eterno. De modo que el sacramento del matrimonio, signo de tu amor, consagra el amor de los hombres, por Jesucristo nuestro Señor”. (Prefacio de la Misa de Matrimonio

“Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y, con ello, una orientación decisiva… Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (1 Jn 4, 10), nuestro amor a El ya no es sólo un “mandamiento” (Amoris laetitia, nn. 1 y 2, del Papa Francisco, 2016).