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Comentario del evangelio del Domingo de Ramos

Queridos amigos:

Domingo de Ramos es un muy buen día para iniciar la Semana Santa y, sobre todo, el Triduo Pascual. Como recordarán, Muerte y Resurrección son los dos componentes esenciales del Misterio Pascual, que celebramos en esta semana. Pues bien, en los evangelios de la Fiesta de Ramos se nos habla de muerte y de vida. De vida y éxito en el evangelio de la bendición de los ramos y entrada triunfal de Jesús en Jerusalem (Mc 11, 1-10), que llegarán a su clímax en el Domingo de Pascua con la Resurrección. De muerte y aparente fracaso, en el evangelio de la misa que sigue a la procesión de los ramos (Mc 14, 1-15.47), que se concretarán en la Muerte del Señor el Viernes Santo.

Pero hoy es hoy y aunque Jesús sabe muy bien todo lo que le espera, quiere darse un día de gloria, como lo hizo en la Transfiguración (Mc 9, 2-10), un día que sea al mismo tiempo una gran y nueva oportunidad para que su pueblo recapacite y lo acepte como el Mesías esperado. Estaba escrito que el Mesías entraría en Jerusalén montado en un borriquillo (= un cadillac de hoy), entre gritos de júbilo y agitar de palmas (Is 62,11; Za 9, 9). Es lo que hace Jesús, con harto escándalo de los fariseos que le reprochan el que esté haciéndose pasar por el Mesías, y le exigen que haga callar a la gente que le aclama. La respuesta de Jesús no se hizo esperar, tajante: “si estos callan, gritarán las piedras”.

Desde entonces los cristianos venimos celebrando esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalem, reconociéndolo como el Cristo e Hijo de Dios. Y le acompañamos entre cantos y agitar de palma y ramos de olivo, uniéndonos a su fiesta. Una buena ocasión ciertamente para proclamarlo como nuestro Rey y Señor y para dar testimonio público de nuestra fe en El. Una buena ocasión también para renovar nuestra adhesión al Señor y para hacerla más patente, leal y valiente.

Llama la atención la manera sencilla con la que, en este día, los fieles expresan su fe: con unos ramos de olivo, que elevan y agitan, significando la elevación de sus almas y la preocupación por los demás. Estos ramos son tan importantes que hacen que este Domingo se llame de Ramos. Y que los bendigamos para que se conviertan en un sacramental, es decir en signo sensible de nuestra fe en el Señor y de su favor por nosotros. Es por ello que los colocamos detrás de la puerta de la casa, para que el Señor la defienda y nos defienda.

Que “tus hijos sean como renuevos de olivo en torno a tu mesa, Señor” (Sal 128). Y que este inicio de la Semana Santa nos anime a vivir santamente cada día de la semana.

LECTURAS

DOMINGO DE RAMOS

PROCESIÓN DE LAS PALMAS

EVANGELIO

Bendito el que viene en nombre del Señor

Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:

-Vayan al poblado de enfrente. Al entrar en él, encontrarán un burrito atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta porque lo hacen contéstenle: “El Señor lo necesita y lo devolverá pronto”.

Fueron y encontraron el burrito en la calle, atado a una puerta, y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:

-¿Por qué tienen que desatar el burrito?

Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.

Llevaron el burrito, le echaron encima sus mantos, y Jesús montó en él. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo, Los que iban delante y detrás gritaban:

-¡Hosanna en el cielo!

Palabra del Señor.

PRIMERA LECTURA

No me tapé el rostro ante los ultrajes,

sabiendo que no quedaría defraudado

 Lectura del libro de Isaías     50,  4-7-

 

        Mi Señor me ha dado lengua de discípulo, para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me despierta el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor me abrió el oído, y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me golpeaban,

las mejillas a los que tiraban mi barba; no me tape el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como roca, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial  Sal  21, 8-9.  17-18a.  19-20.  23-24  (R.: 2a)

  1. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

        Al verme, se burlan de mí, hacen muecas, menean la cabeza: Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo  libre,  si tanto lo  quiere. R.

       Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

      Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor alábenlo: linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanlo linaje de Israel. R.

SEGUNDA LECTURA

Se rebajó: por eso Dios lo levantó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses        2, 6-11

         Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios le levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Versículo antes del evangelio  Flp   2,  8-9

Cristo por nosotros, se sometió incluso a la muerte,

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 14 ,  1 15,  47

Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

  1. Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando el modo de arrebatar a Jesús con engaño y darle muerte. Pero decían:
  2. No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.

Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura

  1. Estando Jesús en Betania , en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un  frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y lo derramó en la cabeza de Jesús. Algunos comentaban indignados:

    S- ¿A  que viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres.

  1. Y regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó:

–   Déjenla, ¿por qué la molestan? o que ha hecho conmigo esta bien. Porque a los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden socorrerlos cuando quieran; pero a mí no me tienen siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Les aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se recordará también lo que ha hecho está mujer.

Prometieron dinero a Judas Iscariote

  1. Judas Iscariote uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo se alegraron y le prometieron dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo

¿Dónde está la habitación

En que voy a comer la Pascua con mis discípulos?

  1. El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús:
  2. ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?>
  3. Él envío a dos discípulos, diciéndoles:

 –      Vayan a la ciudad, encontrarán un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y, en la casa en que entre, díganle al dueño:

“Ël Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Él les mostrará en el piso de arriba una

sala grande y bien alfombrada. Prepárennos allí la cena>.

  1. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Uno de ustedes me va a entregar

uno que está comiendo conmigo

  1. Al atardecer fue él con los Doce. Mientras estaban a la mesa comiendo, dijo Jesús:

 – Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.

  1. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro:
  2. ¿Seré yo?
  3. Respondió:

 –  Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre! ¡Más le valiera no haber nacido!.

Esto es mi cuerpo. Este es mi sangre, sangre de la alianza

  1. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

 –  Tomen, esto es mi cuerpo.

  1. Y, tomando en sus manos una copa, pronunció la  acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.

Y les dijo:

–  Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.

 

Antes que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres

 

  1. Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:

 –  Todos ustedes se van a escandalizar, como está escrito:

“Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas”. Pero, cuando resucite, iré antes que ustedes a Galilea.

  1. Pedro replicó:
  2. Aunque todos te abandonen, yo no.
  3. Jesús le contestó:

 –  Te aseguro que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.

  1. Pero él insistía:
  2. Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
  3. Y los demás decían lo mismo.

Empezó a sentir terror y angustia

  1. Fueron a un huerto, que llamaban Getsemaní, y dijo a sus discípulos:

–  Siéntense aquí mientras voy a orar.

  1. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo:

 –  Me muero de tristeza; quédense aquí velando.

  1. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:

 –  ¡Abba! (Padre), tú lo puedes todo; aparta de mí este cáliz.

Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

  1. Volvió y, al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:

–  Simón, ¿duermes?; ¿no has podido velar ni una hora?

Velen y oren, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.

  1. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, pues sus ojos se cerraban de sueño. Y no sabían qué contestarle. Volvió por tercera vez y les dijo:

 –  ¿Todavía están dormidos y descansando? ¡Basta ya! Ha llegado la hora; miren que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ‘Levántense, vamos! Ya  está cerca el que me va a entregar.

Arréstenlo y llévenlo bien custodiado

  1. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
  2. Al que yo bese, ése es; arréstenlo y llévenlo bien custodiado.
  3. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
  4. – ¡Maestro!
  5. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo arrestaron.

Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:

–  ¿Han salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario estaba con ustedes enseñando en el templo, y no me detuvieron. Pero, es necesario que se cumplan las Escrituras.

  1. Y  todos lo abandonaron y huyeron.

Lo iba siguiendo un muchacho, cubierto tan solo con una sábana. Lo detuvieron, pero él soltando la sábana se escapó desnudo.

¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?

  1. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los ancianos y los escribas, Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del palacio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados junto al fuego para calentarse.

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues aunque muchos daban falso testimonio contra él, diciendo:

  1. Nosotros le hemos oído  decir: “Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres”.
  2. Pero ni en eso concordaban los testimonios.

El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:

  1. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
  2. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo, preguntándole:
  3. ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
  4. Jesús contestó:

–      Si, lo soy. Y verán que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo.

  1. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras, diciendo:
  2. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Han oído la blasfemia. Ustedes ¿Qué dicen?
  3. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a  escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
  4. Adivina quien fue.
  5. Y los criados le daban bofetadas.

No conozco a ese hombre de quien ustedes hablan

  1. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró y dijo:
  2. También tú andabas con Jesús, el Nazareno.
  3. Él lo negó, diciendo:

S.-  Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.

  1. Salió fuera, a la entrada, y un gallo cantó.

La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:

  1. Éste es uno de ellos.
  2. Y él volvió a negar.

Al poco rato, también los presentes dijeron a Pedro:

  1. Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
  2. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
  3. No conozco a ese hombre de quien ustedes hablan.
  4. Y en seguida, por segunda vez, cantó un gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres, y se echó a llorar.

¿Quieren que les suelte al rey de los Judíos?

  1. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato.

Pilato le preguntó:

  1. ¿Eres tú el rey de los Judíos?
  2. Él respondió:

 –   Tú lo dices.

  1. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.

Pilato le preguntó de nuevo:

  1. – ¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.
  2. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.

Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre.

Pilato les contestó:

S.-    ¿Quieren que les suelte al rey de los Judíos?

  1. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

Pero los sumos sacerdotes alborotaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

  1. ¿Qué hago con el que ustedes llaman rey de los Judíos?
  2. Ellos gritaron de nuevo:
  3. ¡Crucifícalo!
  4. Pilato les dijo:
  5. Pues ¿qué mal ha hecho?
  6. Ellos gritaron más fuerte:
  7. ¡Crucifícalo!
  8. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado

  1. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio- y reunieron a toda la tropa. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
  1. ¡Salve, rey de los judíos!
  2. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él-

Terminada la burla, le quitaron el manto de color púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.

Llevaron a Jesús al Gólgota y lo crucificaron

  1. Y a un tal Simón, natural de Cirene, el padre de Alejandro y Rufo, que al regresar del campo pasaba por allí, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús.

Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de “la calavera”), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó.

Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero estaba escrita la causa de su condena: “El rey de los judíos”. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice:”Lo consideraron como un malhechor”.

A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar

  1. Los que pasaban lo injuriaban, haciendo muecas y diciendo:

S.-    ¡Eh, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz!.

  1. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:

        S.- A otros ha salvado, y así mismo no se puede salvar.

Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.

  1. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

  1. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:

–       Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.

  1. Que significa:

–    Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

  1. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

S.-    Mira, está llamando a Elías.

  1. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
  2. Déjenlo, a ver si viene Elías a bajarlo.
  3. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

  1. C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo,

El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

  1. Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
  2. Había también una mujeres que miraban desde lejos; entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

José rodó una piedra a la entrada del sepulcro

  1. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble senador, que también aguardaba el reino de Dios; armándose de valor, se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión; le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.

Informado por el centurión, concedió el cadáver a José.

Éste compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.

María Magdalena y María la madre de José observaban dónde lo ponían.

 

Palabra del Señor.

 

Comentario del evangelio del domingo 18.03 o 5º TC

Queridos amigos:

El evangelio de hoy (Jn 12, 20-33) es uno de los evangelios dominicales más patéticos e importantes sobre Jesús. Lo escribe el evangelista Juan como pórtico de entrada a la Pasión, Muerte y Resurrección (Exaltación) del Señor, que empezaremos en 7 días más con el Domingo de Ramos (12, 12-17). Y lo escribe recogiendo la respuesta de Jesús a unos griegos de la diáspora judía que han pedido hablar con Él. En la forma de una sencilla parábola, que conocemos como la parábola del grano de trigo. Jesús, con el corazón en la mano nos habla del misterio de la vida y la muerte, de Su vida (tiene los días contados) y de Su muerte. Hasta el Padre Dios hará oír su voz glorificando al Hijo.

El Maestro viene a decirnos que en nuestras vidas aparentemente no pasa nada, como no le pasa nada al grano de trigo que puede estar por decenas de años dentro de una vasija. Pero hagan que el grano caiga en tierra, entonces rompe, brota un tallo y sale una espiga cargada de nuevo y abundante trigo. Así es nuestra vida dice Jesús. El grano de trigo que es cada uno de nosotros va germinando aún sin darnos cuenta, con lo bueno y lo malo que hacemos. Hasta que un día caemos en tierra (la muerte) y nos abrimos para Dios, presentándole la espiga de nuestra vida. ¿Con bueno y abundante trigo? ¿Con buenas y abundantes obras?

Para Jesús los nutrientes que alimentan y hacen germinar el trigo que somos cada uno de nosotros, son la oblación (entrega) de sí mismo y el servicio. Darse al otro sin pensar en sí, con generosidad total y sin pedir nada a cambio. Servir generosamente al Señor en los demás, vivir para servir… No es nada fácil, pues para ello hay que ir a contracorriente del “mundo” (1 Jn 2,16). Y aceptar y vivir la llamada paradoja de Jesús: que “el que ama su vida (piensa sólo en sí mismo), la destruye (se perderá); y que “quien se olvida de sí en este mundo (se olvida por los demás), la conserva para la vida eterna” (Jn 12,25; Mt 16, 25).

La propuesta que Jesús nos hace puede parecer difícil, pero no es imposible. Es lo que Él mismo vivió y practicó, tanto que viene a ser su retrato hablado. A Él le costó sangra, sudor y… muerte en la cruz. Pero como recompensa tuvo la glorificación del Padre y el ser imán de atracción (centro de unidad) de todo. Para nosotros una vida en oblación y servicio tiene aparejada una gran recompensa, que el mismo Padre Dios, en persona, nos dará. La dará también en esta vida, porque quien así vive, dice Jesús, está juzgando al mundo con su comportamiento y está echando fuere y venciendo al Príncipe de este mundo.

LECTURAS

DOMINGO 5º  TC

 Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados

 Lectura del libro de Jeremías   31, 31 -34

        Miren ustedes que llegan días –Oráculo del Señor-

en que haré con la descendencia de Israel y de Judá una alianza nueva.

No con la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor -Oráculo del Señor-.

Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días-oráculo del Señor-:

Pondré mi ley dentro de ellos, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, y el otro a su hermano, diciendo:

“Reconoce al Señor”.

Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande -Oráculo del Señor-, cuando perdone sus crímenes

y no recuerde sus pecados.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial  Sal   50, 3 -4. 12-13. 14-15      (R.:  12a)

  1. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

         Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito,

limpia mi pecado. R.

         Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R.

         Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti. R.

 SEGUNDA LECTURA

Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor

de salvación eterna

Lectura de la carta a los Hebreos     5, 7-9

 

        Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado.

Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios.

Versículo antes del evangelio  Jn  12,26

El que quiera servirme, que me siga -dice el Señor-; y donde esté yo, allí también estará mi servidor.

EVANGELIO

Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto

Lectura del santo Evangelio según San Juan 12, 20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

-Señor quisiéramos ver a Jesús

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

-Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se desprecia a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga; y donde esté yo, allí también estará mi servidor. A quien me sirva, el

Padre lo premiará.

Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre glorifica tu nombre.

Entonces vino una voz del cielo:

-Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.

La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

-Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de ese mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Oremos a Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, autor de salvación eterna.

– Hoy también, como entonces, muchos quieren ver a Jesús. Para que puedan reconocerle en los que se llaman discípulos suyos, roguemos al Señor.

– La imagen de Jesús crucificado evocan a los que dan la vida, e incluso la  pierden, por amor a los demás. Para que sean, como Cristo, el grano de trigo, que cae en la tierra para dar mucho fruto, roguemos al Señor.

– La imagen de Jesús crucificado evoca también a tantos condenados a muerte lenta. Para que puedan descubrir a Cristo en el amor de los creyentes y se sientan fortalecidos en la prueba, roguemos al Señor.

– La imagen de Jesús crucificado nos anuncia sobre todo la victoria definitiva sobre la muerte. Para que comprendamos que sólo el que entrega su vida como servicio, a imitación de Cristo, la guarda para siempre, roguemos al Señor.

Dos, Padre nuestro, que salvaste a tu Hijo de la muerte, escucha la oración que te presentamos, como él, en los días de nuestra vida mortal. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Comentario al evangelio dominical del 11.03 o 4TC

Queridos amigos:

En el libro de los Números (21, 4-9) se nos dice que Dios mandó a Moisés hacer una serpiente de bronce y ponerla en lo alto de un madero, para que cuantos la mirasen quedasen sanos (de la picadura de las víboras). Aludiendo al relato, Jesús dice por san Juan (3,14-21) que el Hijo del Hombre debe también ser puesto en alto para que el hombre lo mire (con los ojos de la fe) y quede sano (del pecado) y se salve.

Para Jesús, “ser puesto en alto” significa que ha de ser elevado en la cruz (crucificado), pero también y sobre todo que ha de ser “glorificado” (resucitado, ascendido y sentado a la derecha del Padre). La exaltación de Jesús en la cruz tiene este doble significado, que la Iglesia recoge y celebra en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz (el día 14.09). Para Jesús, su muerte en la cruz por nosotros fue la manera de mostrarnos su inmenso amor (Jn 15,13) y de llevar a cabo la entrega por amor que el Padre Dios hizo de su Hijo al mundo (Jn 3,16).

Jesús nos está diciendo que el amor que el Padre Dios nos tiene y tiene al mundo es tan grande que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna…” (Jn 3, 16). Y que su amor al Padre es tan grande que cumplirá su voluntad cueste lo que cueste, y no reparará en dar su vida por nosotros. Jamás podremos comprender el inmenso amor, la inmensa misericordia, que el Padre Dios y Jesús nos tienen. Tan inmensos que Dios y Jesús no juzgan ni condenan a nadie. El juicio y la condena nos los hacemos nosotros, al incluirnos o excluirnos del Proyecto de Dios en Jesucristo.

Es una manera bíblica de hablar la que presenta a Jesús viniendo sobre las nubes con legiones de ángeles, y sentándose, como Rey poderoso, para juzgar a todos los hombres (Mt 26, 64, Mc 13,26, Lc 21,27). Vendrá Jesús, sin duda, y todos seremos juzgados y sancionados (para el cielo o para el infierno), pero no será tal como lo imaginamos. Ese juez acusador y que nos grita la sentencia no condice con el inmenso amor que Dios y Jesús muestran tenernos. “Dios no envió su Hijo al mundo para condenarlo sino para salvarlo” (Jn 3,17). Es muy a su pesar, que podemos perdernos.

¿Crees de verdad en el amor de Dios? Entonces ni serás juzgado (Jn  3,18). El juicio ya lo hiciste al optar y decidirte por ese amor. ¿No has creído en el amor de Dios? Entonces es tu propia incredulidad la que te condena, por haber rechazado tu única fuente de salvación: Jesucristo.