Liturgia

Evangelio de la Festividad de San Vicente de Paúl – 27-09-2026

Evangelio según San Mateo: 5, 1-12a

Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo:

Dichosos los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.

Dichosos los que lloran, porque serán consolados.

Dichosos los mansos, porque heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.

Dichosos los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios.

Dichosos los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos.

Dichosos cuando los insulten, los persigan por cualquier motivo  por mi causa, esten alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo.

Qué son las bienaventuranzas y por qué son importantes?

TRIDUO EN HONOR A SAN VICENTE DE PAÚL

💫✨ TRIDUO EN HONOR A SAN VICENTE DE PAÚL ✨💫
Al acercarnos al final del mes Vicentino, te invitamos a participar del triduo en honor a nuestro patrono San Vicente de Paúl.
Tres días para conocer más de su vida y renovar a la luz de su ejemplo, nuestro compromiso a la oración, el servicio y caridad hacia quienes más lo necesitan.

📅 PRIMER DÍA – Jueves 24 de septiembre
🕡 6:30 p. m.
📖 Tema: “La juventud de San Vicente”

📅 SEGUNDO DÍA – Viernes 25 de septiembre
🕡 6:30 p. m.
📖 Tema: “San Vicente de Paúl, modelo de caridad cuya fortaleza encuentra en la oración”

📅 TERCER DÍA – Sábado 26 de septiembre
🕔 5:00 p. m.
📖 Tema: “San Vicente de Paúl y su labor caritativa presente en el mundo de hoy”

Los esperamos, compartan esta invitación con sus familiares y amigos.

Homilía Domingo XXIV, Celebrando el día de la Familia

Homilía del Domingo XXIV, celebrando el Día de la Familia.

El Señor trata de hablarnos y lo ha hecho, como suele hacerlo, mediante una parábola. Para hacerse entender, utilizaba estas comparaciones, porque Él se movía en medio de gente sencilla, humilde, sin mucha instrucción. Sin embargo, estas palabras también son válidas para la gente letrada, para los ilustrados y para nosotros. Creo que se ha dejado entender muy bien, pero trataré de hacer alguna reflexión.

No sé si alguna vez he compartido con ustedes que, cuando viajo en taxi, me gusta sentarme en el asiento del copiloto para conversar con los taxistas. Como movilizan a tanta gente, se enteran de muchos asuntos del país y de muchas otras cosas.

En una oportunidad me tocó viajar con un señor. Yo siempre me identifico como sacerdote y, cuando se lo dije, me respondió:

—¡Ay, padre, qué bien! ¡Qué gusto! Tengo que contarle que soy un gran lector de la Biblia. Para mí, padre, la Biblia es una historia de amor.

—¡Ah! —le dije—. Ciertamente, usted ha expresado muy bien lo que es la Biblia.

La Biblia es, ciertamente, una historia de amor: la historia del amor gratuito de Dios. Esto es muy importante: es un amor que ama sin condiciones. Todo lo que está escrito en la Biblia tiene que ver con ese amor gratuito.

Porque ama gratuitamente, Dios creó el mundo, al hombre y todo cuanto existe. Porque ama gratuitamente, eligió al pueblo de Israel. Porque ama gratuitamente, lo liberó de la opresión de Egipto con brazo extendido y mano fuerte. En las diversas situaciones en las que intervino y se manifestó ante su pueblo, Dios lo hizo con amor gratuito, con misericordia y con mucha compasión. Siempre estuvo dispuesto a perdonar gratuitamente a su pueblo, que en muchas oportunidades le fue infiel.

Pero la manifestación más grande de ese amor gratuito de Dios es Jesucristo.

Jesucristo vino precisamente para hacernos ver directamente quién es ese Dios a quien no vemos y cuáles son sus sentimientos más grandes y profundos. Por supuesto, mediante sus acciones quiso mostrarnos el amor gratuito de Dios, que ama sin imponer condiciones a la persona: la ama como es, con sus cualidades y sus defectos. Al mismo tiempo, le señala el camino que conduce a la salvación.

Recordemos la parábola del hijo pródigo o, mejor dicho, del padre misericordioso. Aquel padre representa a Dios; así quiso mostrárnoslo Jesús. Cuando su hijo regresa a casa, después de haber gastado todo su dinero llevando una vida desordenada, al padre solamente le interesa recuperar a su hijo. No le pide cuentas; lo que le importa es que haya regresado vivo.

Por eso exclama: “Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Entonces pide que lo limpien, que le cambien de ropa, que le pongan sandalias y que preparen una fiesta porque su hijo ha regresado vivo.

El hermano mayor no tiene los mismos sentimientos; todo lo contrario. Pero el padre no le pide cuentas al hijo que ha vuelto: lo recibe tal como es, sano y salvo. Por supuesto, suponemos que después le recordará cuál es el buen camino que debe seguir.

Lo mismo sucede cuando Jesucristo se encuentra ante la mujer adúltera, a quien, según la ley de Moisés, querían apedrear. Jesús permanecía tranquilo; nunca perdía la paz. Entonces dijo:

—El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Y todos fueron retirándose uno por uno, comenzando por los más ancianos.

Ciertamente, fueron honestos: reconocieron que eran pecadores y que no tenían derecho a quitarle la vida a aquella pobre mujer. Jesús se quedó a solas con ella y le preguntó:

—¿Ninguno te ha condenado?

—Ninguno, Señor —respondió ella.

—Pues yo tampoco te condeno. Vete y no peques más.

Jesús perdonó gratuitamente su pecado, a pesar de lo que había cometido, pero también le dijo: “No peques más”. Es decir, le señaló el camino y le hizo comprender que no debía reincidir en aquel pecado tan grave.

Esas son algunas de las maneras en las que Cristo nos muestra a este Dios que ama gratuitamente y que siempre está dispuesto a perdonarnos. Podríamos continuar comentando este texto, pero nos extenderíamos demasiado. Lo que quiero ahora es relacionar todo lo que acabo de decir con la familia.

Comencemos recordando que el matrimonio nace de una experiencia de amor gratuito. Así es: de un amor totalmente gratuito que, para nosotros, los que tenemos fe, viene del cielo. Es muy cierto aquel dicho: “Matrimonio y mortaja, del cielo bajan”.

¿Por qué este hombre tuvo que fijarse precisamente en esta mujer, existiendo millones de mujeres en el mundo? Y viceversa: ¿por qué ella se fijó precisamente en este hombre? Ese es un misterio, un don gratuito que viene del cielo, cuando realmente se trata de un amor auténtico.

Ambos aprenden a amarse, descubriendo cada día las diferencias que existen entre ellos. Por supuesto que hay diferencias, pero, a pesar de todo, continúan amándose. Tendrán dificultades, quizá con los suegros o con sus propios padres, pero el amor está de por medio y, por eso, suelen perdonarse y seguir adelante.

Así van construyendo una familia y un hogar. Envejecen juntos, amándose. A mí me conmueve mucho ver a las parejas de personas mayores que han permanecido unidas durante toda la vida y que continúan juntas hasta la muerte.

Siempre suelo decir en los matrimonios que la mejor herencia que los padres pueden dejarles a sus hijos es que vivieron amándose y murieron amándose. Por supuesto, con un amor totalmente gratuito. ¡Qué hermoso!

También es una alegría encontrar en la vida amigos que nos estiman y nos quieren como somos, con nuestras cualidades y nuestros defectos, y que continúan siendo los amigos de siempre. Eso es muy hermoso. Y cuando encontramos en un hogar a una pareja que se ama de esa manera, eso es hermosísimo.

Ese amor y ese perdón también los tienen los padres con respecto a sus hijos. Mi mamá siempre decía: “Mis hijos son como los cinco dedos de la mano: todos son diferentes, pero a todos los quiero”. Nos quería siempre, a pesar de cómo éramos.

Suele decirse también que la madre quiere de una manera especial a la oveja perdida. Así es, porque le nace quererla, le nace amarla. Eso es admirable; es algo muy grande.

Cuando la familia vive de esa manera, se convierte en un anticipo de lo que queremos que sea nuestra sociedad. He llegado a comprender que la sociedad peruana no cambiará mientras no tengamos familias que, mediante su experiencia familiar, anticipen aquello que queremos para nuestro país: que la sociedad peruana sea una gran familia.

La familia es también un anticipo de lo que queremos que sea la Iglesia: una comunidad en la que esté presente el Reino de Dios. En la familia, por supuesto, el Reino de Dios está presente; Dios está presente. Por eso, la familia es también un anticipo de lo que queremos que sea nuestra Iglesia: una gran familia.

Así que mucho ánimo a todas las familias y a todos los esposos que, motivados por este amor gratuito, están empeñados en formar una familia y construir un hogar que sea realmente un anticipo de lo que queremos para el futuro de nuestra sociedad peruana y de nuestra Iglesia católica: que lleguemos a ser una gran familia.

Homilía en la fiesta de Santa Rosa de Lima — 30 de agosto de 2026.

Es una gran alegría celebrar con ustedes esta Eucaristía en la fiesta de nuestra querida santa Rosa, Rosa de Lima.

Cuando nació Rosa, Lima era una ciudad todavía pequeña: tenía unos quince o veinte mil habitantes, entre españoles, africanos e indios. No pasaba de veinte mil. Ella creció en un ambiente muy religioso, tanto en su familia como en la sociedad. Desde niña aprendió a conocer a Dios, a amar a Dios y a amarlo en la persona de Jesucristo, nuestro Señor, que es lo más importante.

El pueblo ha resaltado mucho sus sacrificios y sus mortificaciones. Está bien, pero lo más importante en su vida fue esa experiencia profunda, honda, de Jesucristo, con quien llegó a identificarse en su persona y en su misión.

Aprendió poco a poco a descubrir que la vida cristiana se sintetizaba en el amor: el amor profundo a Dios en la persona de Jesucristo, nuestro Señor; el amor al hermano, al necesitado, sobre todo y el amor a sí mismo.

Había escuchado, por supuesto, esa enseñanza de Cristo cuando un escriba le pregunta: «¿Cuál es el mandamiento más importante de la Torá, de las Escrituras?». Y Jesús le dice: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu vida, con toda tu alma, con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo».

Al prójimo, al hermano, sobre todo al hermano necesitado. Porque, cuando el escriba le pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?», él le cuenta la parábola del buen samaritano. Entonces, ella aprendió a vivir profundamente ese amor a Dios, a Jesucristo, y ese amor al hermano.

Por eso, ella es un ejemplo y un testimonio de oración: de oración profunda, contemplativa, mística. Mandó que le hicieran una ermita en el jardín de su casa. Esa ermita estaba construida de barro y en ella pasó muchas horas en oración, además de participar en las liturgias en la iglesia del convento de Santo Domingo, que aún existe. Era una terciaria dominica.

Luego cruzaba el único puente que había sobre el río Rímac para ir al encuentro de los más pobres, de los más necesitados, sobre todo de los que se encontraban entre los africanos y los indios, y especialmente de los enfermos, para asistirlos con tanto amor, con tanta entrega. También algunos venían a su casa y ella los asistía con el mismo amor y la misma entrega.

Ese es el ejemplo, el testimonio principal que nos da santa Rosa de Lima. Y en eso, ciertamente, podemos nosotros imitarla, sin necesidad de tantos y grandes sacrificios y mortificaciones, que tampoco son necesarios para la santidad. Hay santos que no han hecho ese tipo de milagros y son santos porque la santidad está, sobre todo, en encontrarse con Dios y, para los cristianos, en encontrarse sobre todo con Jesucristo; en identificarse profundamente con su persona y con su misión; en seguirlo, llevando a cabo la misión del mismo Cristo, como lo hizo santa Rosa de Lima.

Por supuesto, ella todo eso lo vivió con mucha hondura con mucha profundidad. ¡Qué bien que la Iglesia nos presente este texto en el que Jesús cuenta dos parábolas para que podamos entender lo que significaba el reino de Dios: la parábola de la semilla de mostaza y la de la levadura!

Rosa de Lima fue, ciertamente, como esa pequeña semilla de mostaza: pequeñita, muy humilde, muy sencilla. Pero poco a poco fue creciendo, gracias al Espíritu de Dios. Fue creciendo, haciéndose grande a los ojos de Dios y a los ojos de los limeños, porque los limeños llegaron a conocerla y a admirarla por su santidad.

Llegó a ser grande ante Dios y ante los limeños, de tal manera que, cuando murió, se volcó la ciudad para verla por última vez. Y más aún el día de su entierro: fue algo apoteósico, aclamando a esta santa de verdad, a esta santa peruana y limeña.

También santa Rosa fue y sigue siendo como la levadura que fermenta, que influye no solamente en la masa peruana, sino en las masas del mundo entero.

Yo, perdónenme, por el trabajo que tuve con el padre general de mi congregación durante doce años en Roma, tuve que viajar muchísimo, a los cinco continentes. Ya había estado en Roma cuando era joven, estudiando, pero volví y, en esta ocasión, tenía que visitar las comunidades de nuestra congregación.

Éramos cuatro consejeros; con el padre general, cinco. Nos desplazábamos a distintas partes del mundo. Así pude ir a los cinco continentes; no a todas las ciudades, pero sí a los cinco continentes. Y adonde fui y encontré iglesias católicas, estaba santa Rosa de Lima o era conocida Rosa de Lima. Es decir, esa mujer, cuya grandeza fue su santidad, fue conocida en el mundo entero.

Además, hace siglos el papa la declaró patrona de toda América, tanto del norte como del centro y del sur. ¡Patrona de toda América y de Filipinas, que dependía de España! Y sigue ella fermentando las masas del mundo entero, siendo conocida. También san Martín de Porres. ¡Son nuestros más grandes embajadores! ¡Qué honor!

Eso es un desafío para nosotros, porque nosotros tenemos que ser como ellos. Tenemos que tratar de ser como santa Rosa de Lima en lo esencial, en lo fundamental: tratar de unirnos, como hizo ella, a Jesucristo, nuestro Señor; identificarnos con su persona, identificarnos con su misión.

Es decir, tratar de amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra vida, con todo nuestro ser; a Dios en Jesucristo. Y amar a nuestros hermanos, sobre todo a los más necesitados, a los que necesitan que los ayudemos, que les demos la mano, como lo hizo santa Rosa de Lima.

Que ella nos acompañe, nos proteja; que siga protegiendo al Perú y a las instituciones que la tienen como patrona. Y que nosotros tratemos de responder a ese desafío, que es fundamental, pero no es imposible de cumplir.

Que así sea.

Comentario del evangelio del domingo 28.04 o 2º de Pascua

Según el Diario de Sta. Faustina Kowalska, vidente del Señor de la Divina Misericordia, fue el mismo Señor quien pidió que su Fiesta fuera celebrada en el Primer Domingo después de Pascua. “En ese día, las profundidades de mi misericordia estarán abiertas para todos… En ese día, “quien se confiese y comulgue obtendrá el completo perdón de sus pecados y del castigo merecido” (Diario 699). El 2º Domingo de Pascua fue siempre en la Iglesia un Día Grande, ante todo por ser la octava de la Resurrección del Señor. “Como si ahora hubiéramos nacido…” (1 Pe 2,2).

El evangelio (Jn 20, 19-31) cuenta que, en la tarde del día de su Resurrección, Jesús instituyó el Sacramento del Perdón, que es la inclinación más profunda de Dios al hombre caído (para levantarlo), como dijo San Juan Pablo II.  Al Señor Resucitado le cae perfecto el sobrenombre de Señor de la Divina Misericordia, pues es como se muestra después de su Resurrección: Todo Misericordia.

“Rico en Misericordia”, 1º con los apóstoles, al desearles repetidamente la paz. ¡El Shalom (saludo judío de paz y bien), debió sonarles a música celestial! No había reproche (por su huida en el Viernes Santo), sino los sentimientos y los buenos deseos del amigo y Maestro, que les tendía las manos, mientras ellos se iban llenando de alegría, de valor, de ganas de ser verdaderos apóstoles y testigos de su Resurrección. 2º con todos los hombres y mujeres del mundo, al dar a los apóstoles el poder de perdonar, instituyendo para siempre, el Sacramento del Perdón. Memoricemos la cita (Jn 20, 23). 3º con la Iglesia, comunidad de apóstoles y fieles.

Fue el Espíritu Santo, quien resucitó a Jesús (Rom 8,11), dejando una cruz y un sepulcro vacíos. Él lo devolvió a la vida para ser “el Señor”, pero también para ser, entre nosotros “el Señor de la Misericordia”, de modo que atraídos por su amor, no vivamos ya para nosotros sino para Él. Es lo más importante del hecho histórico de la Resurrección y es lo que más conmovió a los apóstoles. Les emocionó tocar a Jesús y saber que era real, pero les emocionó aún más la experiencia de fe que los envolvió y los sedujo. La convicción de que Jesús estaba vivo y, por su amor misericordioso, de nuevo con ellos. ¡¿Quién o qué los podría apartar ya del amor de Cristo?! (Rom 8,35).

Es la clase de experiencia de fe y de confianza en su divina misericordia que tenemos que hacer nosotros: para vivir sin miedo y para cambiar a mejor las cosas. Es la clase de experiencia que ha hecho el Papa Francisco, quien no se cansa de hablarnos de la misericordia de Dios, invitándonos a confiar ilimitadamente en ella.

LECTURAS

DOMINGO II DE PASCUA

PRIMERA LECTURA

Crecía el número de los creyentes, tanto hombres como mujeres, que se adherían al Señor.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 12- 16

        Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a unírseles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos; y crecía cada vez más el número de los creyentes, tanto hombres como mujeres, que se adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a la calle, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cubriese a alguno de ellos.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén, llevando enfermos y poseídos por espíritus inmundos, y todos quedaban sanos.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial  Sal  117, 2- 4.  22 – 24.  25 – 27a  (R.: 1)

  1. Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

        Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:

eterna es su misericordia. R.

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo.  R.

        Señor, danos la salvación;

Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,

los bendecimos desde la casa del Señor;

el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

Estaba muerto y, ya ves, vivo para siempre

Lectura del libro del Apocalipsis  1, 9 -11ª.  12 -13.  17 -19

        Yo, Juan, hermanos de ustedes y compañero en la tribulación, el reino y la espera perseverante en Jesús, estaba desterrado en la Isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.

Caí en éxtasis en el día del Señor y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía:

– Lo que veas escríbelo en un libro, y envíalo a la siete Iglesias que están en Asía.

Me di vuelta para ver quien me hablaba, y, al hacerlo, vi. siete candelabros de oro, y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, y llevaba cinturón de oro a la altura del pecho.

Al verlo, caí a sus pies como muerto.

Él puso la mano derecha sobre mí y dijo:

No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo para siempre, y tengo las llaves de la muerte y del abismo.

Escribe, pues, lo que has visto, lo que está sucediendo y lo que ha de suceder en el futuro..

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 20,  29

Porque has visto, Tomás, has creído,

-dice el Señor-.

Dichosos los que crean sin haber visto.

EVANGELIO

A los ocho días, llegó Jesús

        Lectura del santo Evangelio según san Juan  20,  19- 31

        Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

– Paz a ustedes.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

– Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo

Y dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos les decían:

– Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

– Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado. no lo creo.

A los ocho días, estaban los discípulos de nuevo reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

– Paz a ustedes.9

Luego dijo a Tomás:

Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

– ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

¿Porqué has visto has creído? Dichosos los que creen sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Oremos a Dios Padre, por Jesucristo, su Hijo, resucitado de entre los muertos, que vive para siempre, intercediendo por nosotros.

– Por la Iglesia, comunidad de los creyentes en Cristo; para que lo sea  cada día más, y así irradie al mundo entero la alegría de la Pascua, roguemos al Señor.

– Por todos los pueblos, por todas las naciones; para que la paz de Cristo, soplo del Espíritu Santo, apague los odios, disipe los recelos y promueva un orden nuevo de convivencia, roguemos al Señor.

– Por lo que buscan y aún no han llegado a la fe; para que tengan la dicha de poder creer sin, ver, roguemos al Señor.

– Por nosotros, aquí reunidos: para que seamos creyentes, más creyentes, mejores creyentes, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras súplicas; son la oración de tu Iglesia, reunida en el nombre de tu Hijo Jesucristo, en quien creemos, a quien proclamamos resucitado de entre los muertos, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

Comentario del evangelio del domingo de ramos

Queridos amigos:

Domingo de Ramos da inicio y resume en su celebración a la Semana Santa con su Triduo Sacro (Jueves, Viernes y Sábado Santos). Como recordarán, los dos componentes esenciales del Misterio Pascual, que celebramos en esta semana, son la Muerte y la Resurrección de Jesús. El evangelio de la bendición de los ramos y entrada triunfal de Jesús en Jerusalem (Lc 19, 28-40), celebra el éxito del Señor, que llegará a su clímax en el Domingo de Pascua con la Resurrección. El evangelio de la misa que sigue a la procesión de los ramos -evangelio de la Última Cena (Lc 22, 14-23.56)-, cuenta el aparente fracaso de Jesús, que, unos días después, se concretará en su Pasión y Muerte.

Domingo de Ramos es un día tristealegre: alegre por las cosas que de hecho pasan y triste por las consecuencias que se presagian. Hoy es hoy, viene a decir Jesús, y aunque sabe muy bien todo lo que le espera, quiere darse un día de gloria, como lo hizo en la Transfiguración (Mc 9, 2-10). Un día que sea al mismo tiempo una gran y nueva oportunidad para que su pueblo recapacite y lo acepte como el Mesías esperado. Estaba escrito que el Mesías entraría en Jerusalén montado en un borriquillo (= un cadillac de hoy), entre gritos de júbilo y agitar de palmas (Is 62,11; Za 9, 9). Es lo que hace Jesús, con harto escándalo de los fariseos, que le reprochan el hacerse pasar por el Mesías, y le exigen que haga callar a la gente que le aclama. La respuesta de Jesús no se hizo esperar, tajante: “si estos callan, gritarán las piedras”.

Desde entonces los cristianos venimos celebrando esta entrada triunfal de Jesús en Jerusalem. Una buena ocasión para reconocerlo como nuestro Rey y Señor. Una buena ocasión también para vivir con las actitudes que nos muestra: 1. Hacer las cosas que tenemos que hacer, sin temor a lo que vendrá; 2. Dar siempre a los demás oportunidades para el cambio; y 3. Manifestar públicamente nuestra condición de cristianos.

Las palmas y ramos hacen que este domingo se llame de Ramos. Los elevamos y agitamos para manifestar públicamente nuestra fe (que se vea) y para mostrar comunitariamente nuestra caridad (que se sienta). Los bendecimos para que se conviertan en un sacramental, es decir en signo sensible de nuestra fe en el Señor y de su favor por nosotros. Es por ambas cosas que los colocamos detrás de la puerta de la casa, para que el Señor la defienda y nos defienda; y para que recordemos nuestros compromisos.

LECTURAS

DOMINGO DE RAMOS

EVANGELIO PARA LA PROCESIÓN DE LAS PALMAS

        Lectura del santo Evangelio según san Lucas  19, 28- 40

En aquel tiempo Jesús acompañado de sus discípulos caminaba        delante, subiendo a Jerusalén.

Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:

– Vayan al pueblo que está enfrente; al entrar, encontrarán un burrito atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les pregunta:

“¿Por qué lo desatan?”, contéstenle: “El Señor lo necesita”.

Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el burrito, los dueños les preguntaron:

-¿Por qué lo desatan?

Ellos contestaron:

-El Señor lo necesita.

Luego llevaron el burrito adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, le ayudaron a montar.

Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos.

Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo:

– ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!

Paz en el cielo y gloria en las alturas.

Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron:

– Maestro, reprende a tus discípulos.

Él replicó:

– Les aseguro que, si estos callan, gritarán las piedras.

Palabra del Señor

LECTURAS MISA

PRIMERA LECTURA de Isaías  50, 4 -7

Mi Señor me ha dado una lengua de discípulo,

para saber decir al abatido

una palabra de aliento.

Cada mañana me despierta el oído,

para que escuche como los discípulos.

El Señor me abrió el oído.

Y yo no me resistí ni me eché atrás:

ofrecí la espalda a los que me golpeaban,

las mejillas a los que tiraban mi barba;

no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;

por eso endurecí el rostro como roca,

sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

 Salmo responsorial  Sal  21, 8- 9. 17-18ª. 19-20. 23-24 (R.:2ª)

 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

              Al verme, se burlan de mí,

hacen muecas, menean la cabeza:

Acudió al Señor,  que lo ponga a salvo;

que lo libre, si tanto lo quiere. R.

Me acorrala una jauría de mastines,

me cerca una banda de malhechores;

me taladran las manos y los pies,

puedo contar mis huesos. R

Se reparten mi ropa,

echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme, R.

          Contaré tu fama a mis hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

Fieles del Señor, alábenlo;

linaje de Jacob, glorifíquenlo;

témanlo, linaje de Israel. R.

SEGUNDA LECTURA de la carta a los Filipenses  2, 6-11

             Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios;

al contrario, se despojó de su rango

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor

Para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

 EVANGELIO

PASIÓN DE NTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS

(ESCUCHAR SU PROCLAMACIÓN)

Oración de los fieles

Oremos a Dios Padre, que por nosotros entregó a su Hijo Jesús a la muerte y lo levantó sobre todo, mediador nuestro,

– Por la Iglesia, que sufre en sus miembros, que quiere hacer suyo el sufrimiento de toda la humanidad; para que sepa decir al abatido una palabra de aliento, roguemos al Señor.

– Por la unión de las Iglesias; para que el sacrificio de Cristo nos reúna en la unidad a los hijos de Dios, dispersos, roguemos al Señor.

Por los enfermos, los moribundos y todos los que sufren; para que apurando el cáliz de la pasión, a semejanza de Cristo paciente, tengan la firme esperanza de participar con él en su gloria. roguemos al Señor.

Por nosotros, que nos disponemos a  celebrar la Pascua del Señor Jesús; para que su muerte y resurrección se cumplan en nuestra vida, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, que conmemora la pasión de tu Hijo, para que se cumpla siempre tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
RECOMENDACIONES

  • La oración, el sacrificio y la limosna (compartir), propios de la Cuaresma, se deben intensificar en la Semana Santa, con vistas a hacer una buena confesión y con la mirada puesta en el Resucitado.
  • Ven a rezar LAUDES con la Iglesia de lunes a sábado a las 7.00 .a.m.
  • Ten en cuenta el horario de las CONFESIONES: lunes, martes y miércoles a las 7 p.m. Jueves Santo desde las 9.30 a.m.
  • En el jueves Santo ven con tu familia a la Cena del Señor y a la adoración del Santísimo Sacramento.
  • El viernes Santo es día de ayuno (18 a 60 años) y abstinencia (todos). En la Adoración de la Cruz, por la tarde, la limosna es para la conservación de los Santos Lugares en Tierra Santa, que tanto necesitan de nuestra ayuda.
  • Sábado Santo no hay misas en el día, hasta la Vigilia Pascual a las 8.00 m., Dentro de ella se hará la Renovación de las Promesas del Bautismo. Traer una vela

Indulgencia Plenaria, aplicable a los difuntos, se puede ganar cada día de la Semana Santa, participando ante el Santísimo en las celebraciones de esos días. Las condiciones acostumbradas son: comulgar, previa confesión si fuera necesario, y rezar un padrenuestro y avemaría por las intenciones