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Meditación sobre el evangelio del domingo 14.01 o 2º TO

Queridos amigos:

El encuentro de Juan y Andrés con Jesús, que habría de cambiar sus vidas y tantas otras cosas, nos lo contó el mismo Juan (1,35-42) unos 60 años más tarde. No sabemos de qué hablaron, aunque podemos imaginarlo. Y sin duda, más importante que lo que se dijeron, fue lo que pasó. Como por milagro, poco a poco, fueron sintiéndose subyugados por Jesús. ¿Su personalidad? ¿La acción del Espíritu Santo? El hecho es que de aquel largo encuentro, hasta el día siguiente, salieron transformados. El joven Juan ¿17 años? y el maduro Andrés, sintieron que sus vidas habían cambiado. En adelante ya no serían más para ellos mismos sino para Jesús, enteramente discípulos misioneros de Jesús. Algo les decía que era el Mesías y aún más que el Mesías que esperaban, pues en Él se sentía a Dios.

No sabemos de Juan, pero en el caso de Andrés, la primera evidencia de su cambio se hace visible en su encuentro con su hermano Simón. “¡Hemos encontrado al Mesías, el Cristo!”, le dice lleno de alegría. Ahora Jesús es el Mesías, definitivamente el Mesías. Sólo unas horas antes le había llamado Maestro (Rabí), como para iniciar una conversación con Él. Ahora, después del encuentro con Jesús, lo llama Mesías, el Mesías. ¿Qué le hizo cambiar así, para reconocerlo y anunciarlo como el Mesías? Simplemente aquel encuentro, que llenó su corazón de amor y sus ojos de luz. Decididamente quien se encuentra personal e íntimamente con Jesús, siente que ya es otro. Es lo que le pasó a Pablo (Gal 2,20). ¿No le pasó a usted eso alguna vez?

Juan y Andrés no sólo salieron del encuentro con Jesús sintiéndose sus discípulos identificados con Él. Salieron también como misioneros, porque “cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva. El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro”, nos dijo el Papa Benedicto XVI. Sabemos que es esto lo que le pasó a Andrés, pues, uniendo los hechos a las palabras, llevó a su hermano Simón donde Jesús. Providencial iniciativa misionera, que el Señor premió al cambiarle a Simón su nombre por el de Cefas (Pedro, Piedra), anticipo de lo que habría de pasar más tarde (Mt 16, 18-19), cuando Jesús lo constituyó en la piedra o fundamento de su iglesia.

El “vengan y verán”, que Jesús sigue diciendo a quienes, como Juan y Andrés, inquieren por él, es el mejor lema de promocional vocacional. Sólo el encuentro vivo y personal con El, transformará nuestras vidas y nos hará discípulos misioneros.

“Ven y verás” es el lema de la Promoción Vocacional de la Familia Vicentina.

LECTURAS

DOMINGO II

DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA

Habla, Señor, que tu siervo escucha 

Lectura del primer libro de Samuel  3, 3b -10.  19 

        En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:

– Aquí estoy.

Fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo:

–  Aquí estoy; vengo porque me has llamado.

Respondió Elí:

No te he llamado, vuelve a acostarte.

Samuel volvió a acostarse.

Volvió a llamar el Señor a Samuel.

Él se levantó y fue adonde estaba Elí y le dijo:

Aquí estoy vengo porque me has llamado.

Respondió Elí:

– No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:

Aquí estoy; vengo porque me has llamado.

Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel.

– Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: “habla, Señor, que tu siervo escucha”.

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:

– ¡Samuel, Samuel!

Él respondió:

– Habla, Señor, que tu siervo escucha.

Samuel crecía y el señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

Palabra de Dios. 

Salmo responsorial  Sal 39, 2 y 4ab. 7.  8-9. 10   (R.:8a y 9a) 

  1. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;

él se inclinó y escuchó mi grito;

me puso en la boca un cántico nuevo,

un himno a nuestro Dios. R.

        Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

y, en cambio, me abriste el oído;

no pides sacrificio expiatorio,

entonces yo digo: <Aquí estoy>. R.

Como está escrito en mi libro:

Para hacer tu voluntad.

Dios mío, lo quiero,

y llevo tu ley en las entrañas. R.

        He proclamado tu salvación

ante la gran asamblea;

no he cerrado los labios:

Señor, tú lo sabes.. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Sus cuerpos son miembros de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios                                                        6, 13c – 15a.  17- 20

        Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo.

Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros.

¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo?

El que se une al Señor se hace un espíritu con él.

Huyan de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo? Él habita en ustedes porque lo han recibido de Dios.

Ya no se pertenecen y ustedes mismos, porque han sido comprados a un precio muy caro.

Por tanto, ¡glorifiquen a Dios en sus cuerpos!

Palabra de Dios.

Aleluya     Jn  1, 41.  17b

Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo;

la gracia y la verdad vinieron por medio de él

EVANGELIO

Vieron donde vivía y se quedaron con él

Lectura del santo Evangelio según san Juan   1,  35- 42

En aquel tiempo, estaban Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

– Éste es el Cordero de Dios.

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió hacia ellos y, al ver que lo seguían, les pregunta:

–  ¿Qué buscan?

Ellos le contestaron:

– Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?

Él les dijo;

Vengan y lo verán.

Entonces fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

– Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).

Y lo llevó a Jesús. Jesús mirándolo le dijo:

– Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que traducido significa Pedro).

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Oremos al Señor nuestro Dios, el Dios que nos habla y también que nos escucha.

– Por la Iglesia; para que permanezca atenta, como Samuel, a la llamada de Dios en los signos de los tiempos, roguemos al Señor.

– Por los que tienen alguna noticia de Cristo y lo buscan con sincero corazón; para que descubran quien es y, creyendo en él, le sigan, roguemos al Señor.

– Por los llamados con vocación especial al ministerio sacerdotal y a la profesión de vida religiosa; para que perseveren en fidelidad, roguemos al Señor.

– Por nosotros, que permanecemos como los discípulos, aquí con el

Señor; para que sepamos buscarle hasta encontrarle en nuestra vida de cada día, en nuestras relaciones con los demás, roguemos al Señor.

Vuelve tu mirada, Señor, y escucha la oración de todos nosotros, que estamos aquí en tu presencia y queremos hacer tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

31 Domingo de tiempo ordinario

Breve comentario a los evangelios del domingo 31.12 y 1º de Enero

Evangelio del domingo 31, Fiesta de la Sagrada Familia

Cerramos el Año Viejo con broche de oro, pues es domingo y fiesta de la Sagrada Familia. A diferencia de Mateo (2, 1-23), el evangelista Lucas (22-40) presenta a la Sagrada Familia en el templo, en cumplimiento de una Ley, que a ellos no les obligaba. Y escuchando maravillados las cosas buenas y malas que los ancianos Simeón y Ana dijeron sobre el niño. Luego presenta a José y María regresando a Nazareth y creando en casa todas las condiciones para que el niño crezca sano, sabio y santo. Lo que va en negrita habla del estilo de vida y de algunas de las virtudes destacables en la Sagrada Familia, para que nuestras familias lo imiten.

Para que imiten sobre todo su modo de ser familia, que es reflejo de la Familia de Dios Trinidad y modelo de la familia humana (la tuya y la mía). Estos tres elementos, sobre todo, que los “modernistas” están empeñados en eliminar, aunque forman parte de la naturaleza misma de toda familia, 1. El matrimonio hombre-mujer, 2. Su voluntad de tener hijos, y 3. La relación de amor, respeto y ayuda entre padres e hijos. Solo las familias que cumplen estas tres condiciones pueden cumplir el plan de Dios para el mundo y de supervivencia de la especie humana. La fiesta de la Sagrada Familia en este Fin de Año, es una invitación a entrar al Año Nuevo con una familia renovada, dejando atrás los errores y fallas del pasado,

Evangelio del lunes 1º, Año Nuevo y Fiesta de santa María Madre de Dios.

El evangelio de la misa de hoy (Lc 2, 16-21) contiene las dos primeras presentaciones que Lucas hace de la Sagrada Familia, pero en esta ocasión lo que la iglesia destaca es la figura de María, a quien celebra como la Madre de Dios. Lo interesante es que la celebre como solemnidad -(lo máximo en la liturgia)- y abriendo el Año Nuevo, cuando celebramos también la octava de Navidad y el Día Mundial de la Paz. No hay duda: la Iglesia pone el Nuevo Año y la Paz del Mundo bajo el amparo de María Madre de Dios. Porque si Dios confió su único y querido Hijo a María, bien podemos nosotros confiarle el Nuevo Año y la Paz, que son todo lo que tenemos y lo que más queremos. La Madre estará con nosotros cada día del 2018.

Año Nuevo Vida Nueva, solemos decir, pero que sea, como pide el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada de la Paz 2018: desde la No Violencia Activa. Que la No Violencia Activa se convierta en el nuevo estilo de vida para todos: naciones, gobiernos, sociedades, familias, personas.. Pues es la manera más eficaz de conseguir y vivir una paz duradera y fecunda. María, madre del Príncipe de la Paz, está deseosa de ayudarnos.

EVANGELIOS DEL DOMINGO 31 Y DE AÑO NUEVO 2018

Evangelio del Domingo 31

 Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la Ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la Ley del Señor:

Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y para hacer la ofrenda que manda la Ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la Ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

-Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

Luz para alumbrar a las naciones

y gloria de tu pueblo Israel.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:

-Mira, este niño está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida; así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma..

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.      Palabra de Dios

  1. Evangelio de la Solemnidad de Sta. María Madre de Dios

Lectura del santo evangelio según san Lucas            2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. Palabra del Señor.

Comentario del evangelio del domingo 05.11 o 31º TO

Queridos amigos:

No hay persona que sea más que otra, nos enseña Jesús en el evangelio de hoy (Mt 23, 1-12). Y es bueno que lo tengamos presente para actuar en consecuencia. Para no dejarnos llevar por el materialismo que prioriza el tener (plata, fama, poder…) sobre el ser, que nos constituye en personas. En razón del ser, todos somos iguales. Iguales como seres humanos e iguales como cristianos. Nadie hay que sea más ser humano que otro ni más cristiano que otro. El hombre más curtido no es más hombre que el recién nacido o el recién concebido. El cristiano más connotado (el Papa) no es más cristiano que el recién bautizado o que tú y yo. Nos diferencian las circunstancias biológicas, sociales, culturales, etc.; los trabajos y las funciones que realizamos.

En una sociedad de personas, todo debiera conducir a que los ciudadanos fueran de verdad iguales ante la ley. En una comunidad de seguidores de Jesucristo, todo debiera conducir a que fueran de verdad iguales ante el evangelio. Ser maestro o padre o consejero, por poner los casos que en el evangelio puso Jesús (Mt 23, 8-10), no debiera servir para darse más importancia y tener más poder sobre los demás. Ni para medrar a costa de los otros. Llevar esos nombres (y otros parecidos) debiera servir para recordar que esas funciones vienen de Dios y que han de ser ejercidos según Dios.

Jesús menciona peyorativamente el caso de los maestros de la ley, fariseos y escribas (doctores), que han mancillado la Cátedra de Moisés, por no ajustarse a su enseñanza y por no practicarla, (no hacen lo que enseñan). Hoy y entre nosotros, los cristianos, habría que mencionar en su lugar, a teólogos, predicadores, catedráticos, legisladores, escritores…, que mancillan la cátedra de Jesús (y la de Pedro o magisterio de la iglesia). Enseñan lo que no es y no son coherentes con lo que enseñan, Ponen cargas pesadas en los hombros de la gente (mandatos y prohibiciones), de las que ellos se liberan.

En el mundo que Jesús nos propone, lo que prima es, debe ser, la convivencia amigable y fraterna. No deban nada a nadie sino es el amor mutuo (Ro 13, 8). La preocupación por los demás, en especial por los pequeños (los deficientes, los disminuidos, los carentes), es la única diferencia que admite el Señor: el primero entre ustedes sea el servidor de los demás. Y recuerden que quien así se humilla (se abaja) será engrandecido. Y, al contrario, quien se engrandezca a costa de los demás, será humillado (tenido en nada). Termino con el recorderis de Jesús: «todos ustedes son hermanos (Mt 23, 8).

Lecturas

DOMINGO XXXI

DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA

 

Se han apartado del camino y han hecho tropezar a muchos en la ley     

Lectura de la profecía de Malaquías  1,  14b-2,  2b.  8- 10

Yo soy el Gran Rey,

y mi nombre es respetado en las naciones

-dice el Señor de los ejércitos-.

Y ahora, a ustedes, sacerdotes, se dirige esta advertencia.

Si no obedecen y no se proponen

dar gloria a mi nombre

-dice el Señor de los ejércitos-,

les enviaré mi maldición.

Ustedes se han apartado del camino,

han hecho tropezar a muchos en la ley,

han invalidado mi alianza con Leví

-dice el señor de los ejércitos-.

Pues yo los haré despreciables

y viles ante el pueblo,

por no haber guardado mis caminos,

y porque se fijan en las personas

al aplicar la ley.

¿No tenemos todos un solo padre?

¿No nos creo el mismo Señor?

Por qué, pues el hombre

despoja a su prójimo,

profanando la alianza de nuestros padres?.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial  Sal 130,  1.  2.  3.

 

  1. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

 

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superen mi capacidad. R.

 

        Sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre. R.

 

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre. R.


SEGUNDA LECTURA

 

Deseábamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios

sino hasta nuestras propias vidas

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses                                                          2, 7b- 9.  13

 

        Hermanos:

Cuando estuvimos entre ustedes los tratamos con la misma ternura con la que una madre acaricia a sus hijos.

Les teníamos tanto cariño que deseábamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios, sino nuestras propias vidas, y ¡a tal punto llegaba nuestro amor a ustedes!

Recuerden, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no ser una carga para nadie, proclamamos entre ustedes el Evangelio de Dios.

Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que le predicamos, la acogieron no como palabra de hombre, sino, como lo que es en realidad, como palabra de Dios, que sigue actuando en ustedes los creyentes.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya   Mt  23,  9b. 10b

 

Uno solo es su Padre, el del cielo,

y uno solo es su consejero, Cristo

EVANGELIO

No hacen lo que dicen

 

  • Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1 -12

 

        En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:

En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Hagan y cumplan lo que les digan; pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen

Ellos hacen fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos ni siquiera a moverlos con un dedo.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros

 

puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencia por la calle y que la gente los llame maestros.

Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestro, porque uno solo es su Maestro, y todos ustedes son hermanos.

En la tierra a nadie llamen padre, porque uno solo es el Padre de ustedes, el del Cielo.

No se dejen llamar consejeros, porque uno solo es su Consejero, Cristo.

El primero entre ustedes sea servidor de los demás.

El que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido.

 

Palabra del Señor.

 

Oración de los fieles

 

Oremos al Señor, nuestro Dios.

 

– Para que la Iglesia sea lugar de encuentro fraternal, en la que se realice la palabra de Jesús: *Todos vosotros sois hermanos*, roguemos al Señor.

 

– Para que todos los que tienen en la Iglesia alguna responsabilidad sobre los demás tengan siempre presente la advertencia del Señor: *El primero entre vosotros sea vuestro servidor*, roguemos al Señor.

 

– Para que los constituidos en autoridad sepan aceptar humildemente las críticas de su gestión, roguemos al Señor.

 

– Para que nuestra sociedad, caracterizada por la hipocresía, reaccione ante la crítica de los inconformistas, roguemos al Señor.

 

– Para que seamos sinceros unos con otros, comprensivos con todos, sin pretender ser más que los demás, roguemos al Señor.

 

Dios, Padre nuestro, escucha la oración de nuestra comunidad, que reconoce a tu Hijo, como único nuestro, Señor y Juez de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Comentario al evangelio del Domingo 29.10 o 30° TO

Queridos amigos.

El evangelio de hoy (Mt 22, 34-40) nos habla de la supremacía del amor. A Jesús le han preguntado sobre cuál de los 613 mandamientos que la Ley judía tenía, era el más importante. Su respuesta es inmediata, como si la hubiera estado esperando, y va más allá de lo que le preguntan. Lo primero y principal, dice Jesús, es amar a Dios sobre todas las cosas (Deut 2, 4+). Lo segundo -que no se lo pidieron, pero que Jesús se sintió en la necesidad de añadir-, es semejante e inseparable del primero y consiste en amar al prójimo como este se ama a sí mismo (Lev 19,18). Acentuar la semejanza y la conexión entre los dos mandamientos, fue la gran novedad de la enseñanza de Jesús, pues 1, puso de relieve la importancia del prójimo; 2, mandó amarlo como parte integrante del amor a Dios; y 3, conectó los tres mandamientos -(a Dios, al prójimo, a sí mismo)- en uno solo.

Jesús completa su enseñanza diciendo que este gran mandamiento del amor, su cumplimiento, encierra la perfección completa, cuanto enseñan la Ley y los Profetas (Mt 7,12). Es el vínculo de la perfección (Col 3,14). El amor es lo máximo que Dios da y espera del prójimo, pues Dios es amor (1 Jn 4,8). Esto implica que el amor debe ser la razón de ser y el motivo de cuanto hagamos y del servicio que demos a Dios, al prójimo o a nosotros mismos. No es solo cuestión de hacer o hacernos cosas buenas sino de poner y dar amor en cuanto hacemos. Nada hay más perfecto que el amor, nos dice San Pablo en su himno al amor (1 Cor 13). Saquemos de aquí dos importantes enseñanzas prácticas

***En lo que hacemos lo que cuenta es el amor con que lo hacemos. A los ojos de Dios -y así debiera ser a nuestros ojos- lo más importante que hacemos por Él, no se mide por la cantidad o el tamaño de las cosas que hacemos ni por el precio de lo que damos ni…, se mide -y Dios lo acoge- por la calidad del amor que ponemos en el servicio. Hemos de hacer las cosas no tanto por verlas bien hechas cuanto por hacerlas con amor, decía San Vicente de Paul.

***No se puede amar a Dios a quien no se ve, si no amas al prójimo, a quien sí ves. (1 Jn 4,20). La interconexión que Jesús hace de los tres mandamientos hace también que Dios mire como hecho (o no hecho) a Él, lo que hacemos (o dejamos de hacer) al prójimo o a ti mismo. Así como el Gran Mandamiento es uno solo, la vida es una sola, y en ella se interrelacionan Dios y el hombre. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y viceversa. No hay lugares ni tiempos, en los que sólo esté Dios o sólo esté el hombre: siempre están juntos y lo que hacemos a uno se lo hacemos al otro.